Mariano Peyrou nació en Buenos Aires en 1971 y vive en Madrid desde 1976. Es músico y licenciado en Antropología Social. Publicó La voluntad de equilibrio (2000), que aparecerá en Francia en edición bilingüe. Fue seleccionado para la antología de poesía europea incluida en Sprachbuch (Ernst Klett, 2003). También ha sido traducido al inglés y al holandés.
De las cosas que caen
Mariano Peyrou
58 páginas
isbn: 987-9108-13 -2
$20
«...La caída de su/ párpado es una ola que se/ rompe, un movimiento de/ bailarina antes de dejar la escena...»
En estos poemas todo cae de manera lenta y silenciosa, porque lo que cae a su modo también vuela: aunque las cosas adopten definitivamente una trayectoria descendente y reemplacen potencial por inercia, algo parece amortiguar el impacto. Con destreza poética Mariano Peyrou segmenta y detiene por unos segundos la gravedad de los hechos, prolongando el instante para observar y descubrir que «el futuro tira con tanta fuerza como el pasado». De este modo, las cosas que caen son también las cosas que pasan, que se terminan o que se esfuman en un abrir y cerrar de ojos, pero mientras todo sucede o algo está siempre a punto de alcanzar su destino final un yo en ascenso se impone con sus preferencias, ganando palmo a palmo espacio y tiempo para esbozar a modo de manifiesto:
«...Defiendo lo leve, lo menor./ Es mi trabajo./ Mi trabajo es estar ahí/ sentado, contando mentiras. Mi/ trabajo es contener un mar./ No hay nada tan inútil. Nada/ tan bello como lo que no sirve.»
He tratado de ser leve
Subo y abro la puerta, estoy
muy inspirado. Aquí
falta algo. Es mediodía,
no tengo ganas de seguir
con el recuento. Los marineros,
los antiguos cazadores, una bizca
preciosa que escapó en el último
escalón, todos sabían manipular
sus barajas. He tratado
de suavizar mis tendencias naturales.
Un animal infalible espera que suene el disparo.
En lo más alto, comienza la carrera.
Particularidades
Las dos llevan sombrero, así que no
me digas que no soy consecuente.
Y hay dos cucharas, una
para servir el azúcar y otra para revolver.Tampoco sé para quién estás decorando
el dormitorio. Qué extraña limosna.Se asomó a la ventana y levantó
su ropa mientras reflexionaba sobre lo bello
y lo sublime. Cuando salió se olvidó de algo.
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© bajo la luna, 2007